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Después de menos de 24 meses de investigación, Cifuentes fue condenado a 27 años de prisión, con lo cual se pone fin a este sonado caso. Sin embargo, lo que aún duele es que, si bien Cifuentes aceptó los cargos y entregó el cuerpo, siempre guardó silencio sobre las razones y no le dio la cara a las víctimas, teniendo en cuenta que atendió las audiencias desde la ciudad de Bogotá.
La condena
Durante la sentencia, la jueza expresó: “Es un hecho reprochable, de aquellos que generan alarma en la comunidad, toda vez que se trató de una persona conocida, que hacía negocios. Se tendrá en cuenta el engaño de Cifuentes Gómez, quien no solo procedió a maquinar, a apoderarse de un vehículo para causarle afectación patrimonial a la víctima, sino que fue más allá: acabó con la vida de su propietario, mostrando indiferencia frente al bien más preciado del ser humano, que es la vida. Es evidente la intensidad del dolo, las circunstancias en las que ocurrieron los hechos. Desechó el cuerpo en un abismo, sin ningún tipo de arrepentimiento, sin importar el lazo de amistad, ni la afectación emocional que causaba su desaparición. No solo en el grupo familiar de la víctima, sino en la comunidad, por el rol de guía espiritual que tenía como sacerdote. Además, con el fin de desaparecer cualquier elemento material probatorio que lo incriminara, no dejó ningún rastro. Huyó del país, generando angustia, zozobra, y dejando sumidos en el dolor a los familiares de la víctima, que desconocían la suerte de lo que le había pasado al sacerdote”.
Cifuentes Gómez aceptó los cargos y obtuvo una rebaja del 40% en la pena. Sin embargo, en la tarde de ayer, el Juzgado Sexto Penal del Circuito de Conocimiento de Pereira lo condenó a 333 meses y 9 días de prisión, por los delitos de homicidio agravado y tráfico, fabricación o porte de armas de fuego o municiones, pena que deberá cumplir en el centro penitenciario que designe el INPEC.
El crimen
Recordemos que el padre Darío Valencia Uribe desapareció el 25 de abril de 2024, luego de salir de la parroquia María Auxiliadora. Su desaparición encendió las alarmas entre feligreses y amigos, hasta que el 20 de septiembre de ese mismo año, las autoridades hallaron sus restos en la vereda Patio Bonito, de Belalcázar (Caldas).
Las investigaciones de la Fiscalía 4 Especializada de Pereira determinaron que el sacerdote fue asesinado por Julián Eduardo Cifuentes Gómez, un hombre cercano a él.
Según las pruebas, Cifuentes transportó el cuerpo en una camioneta Nissan Frontier gris, de placas GKL 427, saliendo de la iglesia hacia la vía La Virginia–Viterbo. Se detuvo en el sector de Acapulco a tanquear, tomó una ruta alterna para evitar el peaje y, al llegar a una zona rural, arrojó el cuerpo a un abismo de 40 metros. Después del crimen, lavó la camioneta en un lavadero de Viterbo, retiró una silla manchada de sangre y dejó el vehículo en un parqueadero, pagando un mes por adelantado como si nada hubiera ocurrido.

